jueves, septiembre 20

Determinismo y Libre Albedrío

Brajot 33a - 34b

Uno de los pilares fundamentales de la tradición judía descansa en lo que se suele llama "libre albedrío." Somos libres para elegir nuestro propio camino, pudiendo construir aquello que somos en un hacer cotidiano que, en caso de ser necesario, puede modificarse para bien. En este sentido, somos responsables de nuestras propias decisiones y no podemos escudarnos en la idea de que todo lo que nos sucede es producto del destino.


Cerrando el quinto capítulo del tratado de Brajot, el Talmud nos regala una frase que da cuenta de la centralidad del libre albedrío por un lado, y de la necesidad divina de que nosotros seamos agentes con libertad de elección por el otro. En boca de Rabi Janina, se nos enseña que:

"Todo depende del Cielo, exceptuando el temor reverente hacia el Cielo."

Si frente a una primera lectura la oración les parece contradictoria, entonces ¡enhorabuena! Efectivamente, a primera vista parecería que Rabi Janina dice una cosa y su opuesta en una misma aseveración. No obstante, si volvemos a leer la frase con un poco de detenimiento podremos entender cuál es - al menos para los sabios talmúdicos - la voluntad de Ds en relación a los seres humanos. Si volvemos a leer la frase, creo que podremos saber hacia donde ir.


La enseñanza de Rabi Janina comienza especulando con la idea de que todo lo que ocurre, ocurre porque es voluntad y designio del Cielo: Parecería ser que nada, ni siquiera la hoja caida de un árbol en otoño, queda por fuera del control celestial. Y, en consecuencia, no habría mucho lugar para que la libertad se pueda desplegar a gusto.

Sin embargo, la segunda parte de las palabras de Rabi Janina viene a mostrarnos excepción a la regla, con la salvedad de que siendo una excepción tan central, termina por tirar abajo toda la afirmación inicial del sabio. Si hay algo que Ds no puede (¡ni quiere!) controlar es el temor reverente que la humanidad pueda tener por Él. Aquello que queda por fuera del poder de Ds es nuestra decisión de forjar una relación duradera con lo divino, a fin de que Ds pueda ser regresado al mundo. Y por tanto, aquel que en un principio parecía contar con un poder absoluto, ahora se ubica en un lugar de profunda vulnerabilidad: Si nadie se relaciona con Ds, entonces lo divino se vuelve como aquel árbol que cae en medio de la nada y, sin nadie que esté allí para escucharlo, no hace ruido alguno ni genera ningún cambio a su alrededor. Ds, nos dice Rabi Janina de manera sutil y profunda, necesita del hombre que lo reconozca como tal, que establezca el pacto y que lo sostenga por amor a la relación en sí.


No es casual que Rosh haShana sea en el calendario hebreo el momento en el que coronamos a Ds como Rey del universo. Efectivamente, si no somos nosotros - los seres humanos - aquellos que coronamos a Ds, entonces Ds es un Rey sin reino, un Rey sin corona. De aquí la centralidad del vínculo para el judaísmo, y la importancia de afirmar con nuestros actos el interés por seguir en relación con Ds. Porque aun contando con un gran poder, Ds sigue saliendo a nuestro encuentro y somos nosotros, de alguna manera, los que tenemos la última palabra.

¡HADRAN ALAJ EIN OMDIM!
¡VOLVEREMOS A TI EIN OMDIM!

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